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La automedicación y sus riesgos

Una práctica muy común entre las personas es la de recurrir a los fármacos sin una previa consulta al médico, basándose en la propia experiencia o en la de terceros, sin advertir el peligro al que se exponen. Inclusive algunos piensan que esta práctica se encuentra dentro del llamado ‘autocuidado’ definido por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como aquello que las personas hacen por sí mismas para mantener su salud, prevenir y tratar la enfermedad. La automedicación se define como la selección y el uso de medicamentos por parte del usuario para el tratamiento de enfermedades o síntomas reconocibles por él mismo. En la automedicación responsable, las personas tratan sus enfermedades o síntomas con medicamentos que han sido aprobados, están disponibles para la venta sin prescripción y son seguros y eficaces cuando se usan en las condiciones establecidas. Es, por lo tanto, una actividad legal, pero requiere información calificada e independiente para poder tomar buenas decisiones. Aun así, el uso de fármacos puede tener efectos no deseados en grupos vulnerables como niños, ancianos y/o mujeres embarazadas.

 

Muchas personas que se automedican ignoran cómo deben usar el medicamento, los posibles efectos adversos, la posible interacción con otros medicamentos, las precauciones y advertencias o la duración del tratamiento. El problema de no consultar con el médico y de optar por la automedicación es que muchas veces pueden confundirse los síntomas y/o acallar las señales de una enfermedad mayor. En general, se ha comprobado que muchas personas que compran medicamentos sin prescripción médica no se toman el tiempo para leer el inserto con las instrucciones para su uso, precauciones y advertencias. Existe el término auto prescripción, que es la intención de adquirir medicamentos de venta bajo receta sin contar con ella. En un sentido real, la automedicación responsable, se refiere principalmente al uso de medicamentos de libre acceso, aquellos que no requieren receta médica y se contrapone a la autoprescripción o uso indiscriminado de fármacos sin indicación ni supervisión médica.

 

La publicidad y la comercialización de los medicamentos de venta libre deben ser claras, precisas y mostrar un equilibrio justo entre los beneficios y riesgos. El rol del químico farmacéutico es clave para ayudar a tomar decisiones referentes al autocuidado y a la automedicación responsable, así como para proveer e interpretar la información disponible acerca de los medicamentos. La promoción y la comercialización no deben estimular la automedicación irresponsable, es decir, la adquisición de medicamentos innecesarios o en cantidades excesivas. Uno de los problemas que nos enfrentamos en la autoprescripción es el consumo de analgésicos. La estadística demuestra que se consume paracetamol, ácido acetilsalicílico, metamizol y clonixinato de lisina algo más de 1 envase por habitante por año, sin contar con el consumo de estos productos asociados con los antiinflamatorios.

 

También tenemos el caso de los antibióticos cuyo uso debe ser controlado y siempre bajo la guía médica. Usar antibióticos de forma racional y adecuada constituye una obligación y un reto fundamental para mantener un correcto equilibrio entre una buena práctica clínica y la necesidad de disminuir el impacto de las resistencias bacterianas.

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